El otro día desayuné en una de las franquicias de Granier.

Se hacen dos colas, una para la gente que compra para llevar y otra que compra para tomar allí.

Me parece interesante que cuando decides desayunar allí el cliente entra en un rol “activo”. Es decir, no te sientas a esperar para que te tomen nota. El proceso es el siguiente:

Te levantas y eliges la bollería que quieres. Luego eliges y coges directamente la bebida en un mostrador refrigerado. Por último llegas a la caja donde o bien pagas o bien pides lo que te falta, tostada, café… Al pedir el pan, te dan a elegir entre tres tipos de panes volviendo a crear una opción de personalización del desayuno.

En todo el proceso has elegido el bollo, has cogido tu propio zumo del refrigerador y has elegido el tipo de pan. Opciones que te hacen sentir que personalizas y diseñas en cierta medida tu propio desayuno.

Además, te lo ponen todo en una bandeja que tú mismo llevas, a modo de “mira todo lo que he elegido” a la mesa, reduciendo el impacto de que en realidad se están ahorrando los camareros y que llevas un buen ratito de pie.

Pese a ser un producto poco artesanal juegan bien la batalla en el local con esa sensación de personalización e implicación en el usuario.

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