Con la llegada de días de fiestas se suele decir que viene bien tomar un descanso y recargar pilas. Y es verdad porque normalmente cuando nos alejamos de los problemas cotidianos se conectan neuronas que no suelen hacerlo el resto del tiempo. Cuando estamos concentrados en problemas muy específicos no nos surge tanto la creatividad pero cuando damos un paso hacia atrás y nos alejamos del día a día solemos ver las cosas distintas. Me parece muy sano exponerse a rutinas y conversaciones distintas.

Yo incluso en días de fiestas me gusta llevar siempre una libretita porque para mi las nuevas ideas y enfoques son habituales estos días.

A mi me funciona muy bien grabarme audios en el móvil. Captan el tono y la esencia de las ideas y de por qué te han surgido. Además, es muy sencillo y me permite luego traducir esas ideas en pequeñas tareas que puedo agendar y poner en marcha.

Esta reflexión me viene por un libro que estoy leyendo estos días titulado “Esperando el fin de semana” de Witold Rybczynski que viene a decir que estamos tendiendo hacia una sociedad en la que el tiempo libre se llena de actividades que muchas veces no nos apetecen y nuestro tiempo libre está sobre-planificado cual rutina militar.

Y es que según el escritor británico J.K.Chesterton, la inactividad es la verdadera forma de ocio.

En esta sociedad en la que siempre parece que hay algo que hacer tenemos que acostumbrarnos a tener períodos de inactividad, en los que nos aburramos, no tengamos nada que hacer porque si siempre estamos queriendo hacer algo la neuronas no se va a conectar. Y cuidado con el móvil.

Según el Oxford English Dictionary se define el ocio como el “tiempo en que uno puede hacer lo que desea”. Es decir, tiempo libre. Pero cada vez menos, el ocio se se asocia a la libertad.

Una persona que se siente obligada por la falta de opciones o por presiones sociales a jugar al golf por la tarde cuando hubiese preferido dedicarse a un pasatiempo solitario no se diferencia demasiado de un esclavo. No podría decirse que es dueño de su ocio. Tiene tiempo libre, pero no libertad.

Por tanto ¿hemos sido esclavizados por el fin de semana y por esta nueva visión del ocio moderno?

La gente antes jugaba al tenis, ahora trabaja el revés.

Por eso me chirrían programas como MasterChef donde cocinar, que para mi es un placer, se convierte en algo estrenaste y competitivo; cuando para mi que tan siquiera quiero ser cocinera me encanta hacer de pinche, de una forma tranquila y relajada. Relax. No hay que aspirar a ningún premio para hacer esto.

El ocio debería ser la oportunidad para la búsqueda personal, incluso idiosincrásica, de las fantasías privadas, y no de una diversión ordenada ni de espectáculos públicos.

Por eso también cuando aprendía piano, siempre decía que yo no quería ser profesora de piano, simplemente lo hacía por el placer de tocar bien. Quiero sentarme una tarde y poder tocar Claro de Luna de Debussy y disfrutarlo.

Esta es mi visión del ocio que me gusta practicar, y la tuya?

*las partes marcadas en cursiva están extraídas de este fantástico libro.

Kuba Boski

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